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	<title>poema &#8211; CCEBA</title>
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	<title>poema &#8211; CCEBA</title>
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	<item>
		<title>Ral Veroni habla de un poema de James Thompson</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/ral-veroni/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2016 14:54:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[poema]]></category>
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					<description><![CDATA[The City of the Dreadful Night ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>The City of the Dreadful Night</strong><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>“No escribo para la juventud esperanzada, ni para los que juzgan su felicidad como un mérito, ni para los que crecen gordos entre los espectáculos de la vida y no sienten duda o escasez, ni para los espíritus piadosos con un dios sobre ellos que los santifica, glorifica y ama, ni para los sabios que predicen el cielo en la tierra. Ninguno de estos podría entenderme aunque se dignara a intentarlo. Si a alguno le interesan estas débiles palabras aquí expuestas debe ser alguien desolado, alguien golpeado por el destino, cuya fe y cuya esperanza están muertas. Algún desesperado flaneur en la misma ciudad de la noche.”</em></p>
<p>(extracto del Proemio del libro <em>The City of the Dreadful Night</em>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre<em> The City of the Dreadful Night </em>dice<em> Ral Veroni:</em></p>
<p>La fuerza de esta obra -la cual encontré por casualidad cuando vivía en Escocia- se encuentra en su pesimismo. Thompson describe en su poema un paisaje oscuro donde nos presenta a la ciudad bajo la penumbra de una noche espantosa. La ciudad de Thompson tiene algo de Londres y algo de Glasgow, aunque el autor prefiere no dar nombres. La obra fue escrita entre 1870 y 1874, publicada por secciones en el <em>National Reformer</em>, un periódico libre pensador durante el apogeo de la industria del imperio y de la miseria que ésta traía aparejada.</p>
<p><em>The City of the Dreadful Night</em> se adelanta en varias décadas a la visión de la ciudad como un lugar de alienación y soledad. En contraste con las creencias victorianas y su confianza en el progreso Thompson describe un universo indiferente a los intereses humanos.</p>
<p>Ya desde el comienzo Thompson nos aclara a quien va dirigido su poema y el por qué del mismo:</p>
<p><em>¿Por qué desenterrar a la fe muerta, </em></p>
<p><em>por qué dejar suelta a la desesperación, </em></p>
<p><em>por qué lamentarse de las discordias de la vida? :</em></p>
<p><em><br />
Porque una fría furia nos arrebata<br />
y deseo mostrar la amarga, arrugada y vieja verdad<br />
desnuda de todas las vestiduras que la enmascaran:<br />
Falsos sueños, falsas esperanzas, falsas máscaras&#8230;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El caso de Thompson, nacido en Port Glasgow en 1834, no es el de aquel que llega al pesimismo por medio del intelecto. Emile Cioran cuenta en una entrevista que una vez su madre le dijo <em>“de haber sabido de tus dolores existenciales nunca te habría dado a luz”</em>. El padre de Thompson sufrió un derrame cerebral en 1840, su madre fallece dos años más tarde, su hermana también muere al poco tiempo, de sarampión <em>“contraído &#8211;</em>según el poeta- <em>a causa de él</em>”. Y al parecer una joven de la que estaba enamorado muere también tempranamente. Pasó su infancia educado en orfanatos y continuó su vida en esa otra institución paternalista que es el ejército, trabajando como maestro en Irlanda. Sin embargo, un incidente relacionado con su tendencia a la bebida le valió la expulsión. Trabajó como oficinista en Londres (algo exasperante aún al día de hoy para cualquiera que viva en esa ciudad –ver por ejemplo, la dolorosa comedia británica The Office- y particularmente grave para un escocés). Probó suerte como oficial en una mina en Colorado que al poco tiempo fue a la quiebra para luego aceptar un encargo como corresponsal de guerra en España, durante una de las guerras Carlistas, aunque su contratante lo llamó de regreso por incompetente.</p>
<p>Por cada una de estos reveses su alcoholismo se acentuaba. Aparte de toda esta larga lista, y como consecuencia, Thompson sufría de insomnio. La ciudad de la noche es la de aquel que maldecido y acosado no puede dormir. El mismo Thompson murió en Londres a los 48 años, en la absoluta miseria y sin techo. Se dice que sus últimas palabras fueron a la vez tan desesperadas y desafiantes que su amigo William Sharp estando a su lado prefirió no registrarlas.<br />
The City of the Dreadful Night esta estructurado en 21 cantos. Un narrador, Thompson, describe la ciudad. Los cantos pares están relatados en tiempo presente, los impares desde la proyección del pasado. El autor mantiene un clima oscuro y claustrofóbico apoyado en cierta monotonía y en imágenes repetidas que acentúan la desesperanza.</p>
<p>The City is of Night; perchance of Death<br />
But certainly of Night;</p>
<p>La ciudad es de la Noche, quizas de la Muerte<br />
Pero sin duda de la Noche&#8230;</p>
<p>El poema comienza con la descripción de un paisaje psicológico para el insomne y real para aquel que como Thompson salía a recorrer muy tarde las calles de Londres:</p>
<p>La luna y las estrellas pueden brillar con desprecio o lástima. El sol nunca visitó la ciudad…</p>
<p><em>La vida es un sueño cuyas formas regresan,<br />
Algunas con frecuencia, otras ocasionalmente, a veces por la noche<br />
Algunas en el día, algunas entre noche y día, y aprendemos<br />
que mientras todo cambia y mucho desaparece,<br />
En la recurrencia, con recurrentes cambios<br />
El orden aparente del que dependemos<br />
Nos hace tener a las cosas por ciertas,<br />
</em><em>tal poder tiene creer.</em></p>
<p>Thompson describe los rostros demacrados que transitan en la ciudad, los cuales parecen sordos y ciegos, como trágicas máscaras de piedra, cada uno envuelto en su propia caída, divagan, divagan o se sientan y piensan por horas con pesadas cabezas. Principalmente hombres maduros, algunos pocos viejos o jovenes, raramente una mujer y de vez en cuando un niño. A menudo murmuran para sí mismos:</p>
<p><em>La ciudad de la noche pero no del sueño<br />
</em></p>
<p>La influencia del Infierno de Dante es abierta. Frases y parafrases aparecen a lo largo del poema y más de una imagen en la que se puede adivinar su paralelo y así y todo más que un homenaje la obra se presenta como una contrapartida: No hay un dios superior y si lo hay es una desgracia, no hay una Beatriz angelical que venga al rescate, solo una mujer en el canto IV lleva su corazón en la mano a modo de linterna:</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Una figura avanza lentamente junto a una luz rojiza</em></p>
<p><em>Un mujer y una lámpara roja en su mano</em></p>
<p><em>descubierta y descalza sobre la orilla</em></p>
<p><em>ay, pura desolación moviéndose con tal gracia</em></p>
<p><em>ay, angustia con la belleza en el rostro</em></p>
<p><em>…</em></p>
<p><em>esa lámpara que ella sostiene es su propio corazón ardiendo</em></p>
<p><em>el que deja con cada paso una gota de su sangre</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imagen es una referencia directa al canto xxviii, verss. 118-22 del Infierno donde aparece el poeta Bertran de Born llevando su propia cabeza cercenada a guisa de fanal.</p>
<p>Ya en el canto II de la obra de Thompson aparece entre todos los deambulantes un hombre que aparenta saber adonde va. El narrador, por curiosidad, decide seguirlo. Por las calles oscuras el hombre misterioso se detiene en tres lugares, un iglesia, un jardín y una casa, solo para señalar en cada uno de ellos el sitio en donde murió su fe, su amor y su esperanza. El poeta decide abandonar a su guía cuando se da cuenta que este, como un Virgilio enajenado, repite su círculo una y otra vez: la iglesia, el jardin, la casa&#8230;</p>
<p>En el canto IV. El poeta describe su encuentro con un declamador, una especie de Zaratustra solitario que se comporta como si una gran multitud estuviera frente a él (me hace pensar en los libros de Nietzsche, el solitario, que en su época no vendía más que diez ejemplares de sus libros).</p>
<p>En el canto VIII le toca el turno a dios:</p>
<p><em>¿Quién es el más desgraciado en este lugar de dolor? / Pienso en mí y sin embargo prefiero ser mi miserable yo antes que ser Él / Él, que creó tales criaturas a semejanza de su propia desgracia.<br />
</em><br />
Y continúa:<em><br />
</em><br />
<em>Ni por todo Tu poder contenido o desplegado<br />
Ni por todos los templos a tu gloria construidos<br />
Asumiría yo la ignominiosa culpa<br />
De haber creado a tales hombres en este mundo</em></p>
<p>Como si un Ser, Dios o Demonio pudiera reinar<br />
Y ser a la vez tan idiota, malvado y loco<br />
Como para haber creado a los hombres<br />
teniendo en su poder la opción de abstenerse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego vienen unos versos que me recuerdan a Discepolo, aunque los de Thompson se adelantan por 50 años:</p>
<p><em>El mundo gira para siempre como un molino<br />
Que muele la muerte y la vida, el bien y el mal:<br />
Sin proposito, sin corazon, ni mente, ni voluntad</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Yira, yira,</em> de Discepolo, escrita en 1929 luego de la debacle de Wall Street reza:</p>
<p><em>Verás que todo es mentira,<br />
verás que nada es amor,<br />
que al mundo nada le importa.<br />
Yira&#8230; yira&#8230;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>The City of the Dreadful Night</em> no solo se anticipa al pesimismo del tango. La obra prefigura de un modo inquietante la angustia del siglo XX por la ausencia de dios o su inexplicable distancia ante las catástrofes y las crueldades, a las imágenes metafísicas de De Chirico, a los paisajes surrealistas y a las desoladas descripciones del <em>The</em> <em>Waste Land</em> de Eliot. Este último reconoció en el poema de Thompson una de sus principales influencias.</p>
<p>El canto final de este largo poema no deja lugar a la esperanza y solo reconfirma la angustia original:<br />
<em>Sentir que toda lucha lleva a la derrota<br />
Porque el Destino no nos reserva ningún premio para coronar el éxito;<br />
Que todos los oráculos son torpes o mienten<br />
Porque nadie tiene secretos que revelar<br />
Que nada puede rasgar el incierto y vasto velo negro<br />
Porque no hay luz detrás del manto<br />
Puesto que todo es vanidad y nada.      </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ral Veroni</strong> es poeta, artista plástico, galerista, editor y librero anticuario. Inició su actividad a mediados de los 80 dentro de la escena underground de Buenos Aires con una obra construida alrededor de la relación entre texto e imagen. Pasó varios años en el exterior y en especial trabajó en centros de gráfica de distintos países: Estados Unidos, México, Inglaterra, Escocia, Alemania y España. De su estadía de seis años en Escocia viene su interés por la poesía de ese país. Actualmente coordina la plataforma de proyectos Teatrito Rioplatense de Entidades, fundada por él y Vicente Mario di Maggio en 2010. Dirige junto con Linda Neilson la Galería Mar Dulce, de Buenos Aires, y es editor en el sello Ediciones Urania. En 2013 publica el libro de poemas Teatrito Rioplatense de Entidades (Adriana Hidalgo Editora).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Matías Moscardi habla de un poema de Idea Vilariño</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/matias-moscardi-habla-poema-idea-vilarino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Jul 2016 15:00:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[poema]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[Vilariño]]></category>
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					<description><![CDATA[58]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Último poema del último libro de Idea Vilariño,<em> No</em> (1980):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>           58</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Inútil decir más.</p>
<p>Nombrar alcanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sobre</em> 58, <em>dice Matías Moscardi</em>:</p>
<p>Algunos poetas definen su voz, su estilo, desde el primer libro –Joaquín Giannuzzi es un fiel ejemplo de esto. Otros, como César Vallejo, trabajan, en cambio, la modulación de una voz singular para cada momento de su obra –aunque exista un mismo hilo conductor que hilvane los diferentes grados de heterogeneidad que un mismo autor puede alcanzar en su escritura. Habría, me parece, un tercer tipo de poetas que, finalmente, <em>dan</em> con el tono, que alcanzan su voz, o aterrizan en ese plano de consistencia, después de muchos libros publicados: sucede con <em>El sicópata,</em> de Francisco Gandolfo; o con <em>No negociable</em>, de Roberto Santoro. Cuando leemos en perspectiva sus obras y llagamos a estos libros, se produce el efecto, la sensación, de que han dado en la tecla después de una larga búsqueda, de que han arribado a una voz, a un procedimiento singular, sin haber partido previamente de ahí.</p>
<p>En el caso de Idea Vilariño, la impresión es semejante: su último libro de poemas, publicado en 1980, parece la decantación de todo lo escrito anteriormente, como un animal que se despoja de capas y capas innecesarias de piel porque entorpecían su motricidad. En algunos de sus libros previos (<em>La suplicante</em>, 1945; <em>Nocturnos</em>, 1955; <em>Pobre mundo</em>, 1966) encontramos encriptados, en medio de largos poemas, breves pasajes en donde reconocemos a la Idea del futuro, la última, la Idea final. En uno, escuchamos, por ejemplo: «sabían/ se sabía/ sabíamos/ cuando entonces la noche»; y más adelante: «y no se puede/ y no/ y nada nada». En otro poema extenso aparecen encastrados estos tres versos: «Toda la vida vive/ toda la noche es noche/ el mundo mundo». Como si estuviéramos ante partículas atómicas que, en un ejercicio extemporáneo, uno pudiera aislar de la estructura mayor que las contiene, y luego reubicar, así, recortadas, en su último libro, su mejor libro.</p>
<p>El título lo dice todo: <em>No</em>. La negación parece un filtro enunciativo; tiene casi el carácter de una sustracción, de un contención decisiva, una mesura, que deja del poema solo lo estrictamente necesario, a veces hasta mucho menos de lo necesario. Y así termina todo, con el poema 58: el fracaso rotundo («Inútil decir más») y a la vez cierta complacencia resignada («nombrar alcanza»). Un hexasílabo de tres palabras seguido de un pentasílabo de dos, como si el verso de abajo fuera la muestra encarnada de una reducción sonora, pero no gráfica: la cantidad de letras de los dos versos es milimétricamente la misma –catorce– pero aún así la cantidad de espacio en la página que ocupa el último es mayor debido a la extensión de las mayúsculas iniciales (la N ocupa más espacio que la I). En definitiva: «Nombrar alcanza» constituye una retracción métrica que con su rebaja amplifica, dilata, que expande a partir de esa sílaba menos, de ese resto rítmico. Al mismo tiempo, el verso final desdice al anteúltimo. ¿Cómo articular el encabalgamiento <em>después</em> de esa clausura, de esa abdicación enunciativa? Y sobre todo: ¿por qué no el orden inverso, el orden lógico («Nombrar alcanza./ Inútil decir más»)? Dispuestos tal como aparecen en el poema, queda acentuada la paradoja: ¿cómo decir que es inútil <em>decir más</em> sin decir más? «Inútil decir más» implica, ya de por sí, un <em>exceso</em> de inutilidad, una tachadura que el verso siguiente remarca en la misma medida que refuta: nombrar es <em>suficiente</em> porque no admite retórica, es el despojo primordial de la lengua y, a la vez, el punto más complejo de una poética, la tarea de contentarse con acercar, como mucho, lo que uno quiere decir a lo que efectivamente dice.</p>
<p>La obra de Vilariño desemboca en, y concluye con, estos versos. Como si escribir –y quizás hoy más que nunca– fuera fácil. Lo complejo, en cambio, parece ser alcanzar el talle de las palabras, su calce, su horma: la medida justa. En un mundo donde el discurso se encuentra saturado, desbordado por la letra, la dificultad con la que se enfrenta, ocasionalmente, todo poeta –la poesía misma– acaso tenga que ver con el silencio, con su imposibilidad, con su ética. Así lo escribe Vilariño: «Qué puedo decir/ ya/ que no haya dicho/ qué puedo escribir/ ya/ que no haya escrito/ qué puede decir nadie/ que no haya/ sido dicho cantado escrito/ antes./ A callar./ A callarse».</p>
<p><strong>Matías Moscardi</strong> nació en Mar del Plata, en 1983. Es doctor en Letras por la UNMdP, donde trabaja como docente de la cátedra <em>Taller de oralidad y escritura</em>. Su tesis <em>La máquina de hacer libritos. Poesía argentina y editoriales interdependientes</em> <em>en la década de los noventa</em>, fue premiada en 2015 por el Fondo Nacional de las Artes, con un jurado constituido por Francisco Garamona, Ezequiel Alemian y Gabo Ferro. Publicó los libros de poesía: <em>Los círculos del agua</em> (Dársena3, 2006), <em>Pluvia</em> (VOX, 2007), <em>Una, dos comadrejas</em> (VOX, 2010), <em>Los sapos</em> (Sacate el Saquito, 2011), <em>El ansia</em> (SeS, 2012; Neutrinos, 2013), <em>Bruma</em> (VOX, 2012) y <em>Los misterios del punk rock</em> (Neutrinos, 2015). Participó de la antología <em>30.30. Poesía argentina del siglo XXI</em>, publicada por la Editorial Municipal de Rosario en 2013. Compiló y prologó el volumen colectivo <em>Las olas y el viento. Antología de poesía argentina contemporánea en Mar del Plata</em> (Letra Sudaca, 2015). En narrativa, publicó las novelas <em>Mediopelo</em> (Puente Aéreo, 2013), <em>Las Cosas</em> (Clase Turista, 2014) y <em>Las palabras</em> (Puente Aéreo, 2016). Tradujo los libros <em>Kora en el infierno</em>, de William Carlos Williams (Barba de abejas, 2014) y <em>El libro de las pesadillas</em>, de Galway Kinnell (Barba de abejas, 2016). Es uno de los organizadores del <em>Festival Independiente de Poesía, de Acá</em>, que se lleva a cabo todos los años en la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Roberto Malatesta habla de dos poemas de Eugenio Montale</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/roberto-malatesta-poetas-leen-poesia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Jul 2016 17:40:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Montale]]></category>
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					<description><![CDATA[Con pálida y absorta somnolencia y Arrastra hasta la orilla calcinada]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Con pálida y absorta somnolencia</strong></p>
<p>Con pálida y absorta somnolencia</p>
<p>recostarme en el muro de una huerta,</p>
<p>sentir en los arbustos la presencia</p>
<p>del pájaro escondido y la culebra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la senda o encima de la hierba</p>
<p>curiosear la labor de las hormigas,</p>
<p>ya sea que se dispersen o se apiñen</p>
<p>en la cima de su ínfima gavilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al observar a través del follaje</p>
<p>las lejanas escamas del oleaje</p>
<p>escuchar la cigarra que se obstina</p>
<p>con su chirrido en la árida colina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al alejarnos, bajo el sol que ciega</p>
<p>sentirnos deslumbrados por la pena</p>
<p>de saber que esta vida y su faena</p>
<p>es como recorrer una muralla</p>
<p>rematada con vidrios de botella.</p>
<p>Traducción:  Ricardo Herrera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Sobre </em>Con pálida y absorta somnolencia<em> dice Roberto Daniel Malatesta:<br />
</em></strong><br />
Me suena tan familiar este poema de Montale, aunque para mí el mar esté a una distancia inaudita. Me resulta familiar ese sopor de la siesta, esos huertos que aunque cerrados con tapiales, costumbre italiana: rematados con vidrios de botella. Ese clima misterioso, su microcosmo que los hace infinitos, y por lo tanto, por su infinitud el mar bien puede caber en sus alrededores.  Es esa humedad, tan de mi región litoraleña, ese cerrarse del aire, y, aquí llegamos a uno de los puntos clave: ese silencio hace que se <em>perciban</em> presencias:   pájaro, culebra;   nótese  que no se oye al pájaro ni a la culebra, la tranquilidad es tal que nos hace “sentir la presencia”…sólo la chicharra con su sonido de fondo se impone, tanto que ya bien puede tratarse del silencio mismo, en otra vibración. Estamos en el verano, estación más que propicia para sestear en el patio, tumbado contra el tapial o un árbol, y en duermevela, observar lo mínimo, “curiosear la labor de las hormigas”: todo es significativo, desde esos insectos que se mueven por momento casi sin sentido, parábola quizás de la locura humana, se apiñan en la cima de una ínfima gavilla, y todo esto nos retrotrae a la infancia, o para mejor expresarlo: nos trae la infancia. Nadie mejor que el niño para fijar la atención, para sentir. Me trae mi propia infancia en el patio de mi casa natal o en el de mis abuelos. Ese placer del silencio donde todo, nos dirá Montale, está a punto de revelar  un íntimo secreto…no importa que no resulte, no importa develar, importa esa sensación, también infinita de inminencia.</p>
<p>Llegamos a un verso que me gusta destacar como ejemplo de traducción, en italiano dice “lontano di scaglie di mare” los acentos en las a, las consonantes n d l, las i, toda una reproducción sonora del oleaje del mar, traducirlo literalmente en “lejano de escamas de mar”  es una destrucción del sonido, por lo tanto del verso. Qué elige el traductor, para mí espléndido: “las lejanas escamas del oleaje”, dónde los golpes de las l y las j, los acentos  también en las a, nos devuelven el mar del verso original, repito espléndido.  No el único acierto, desde ya, pues si el poema en castellano cautiva también se lo debemos al traductor, quien trae el jardín italiano y lo transplanta, como aquel girasol Montaliano “enloquecido de luz” en nuestros jardines.</p>
<p>Y el final, esa triste maravilla de Montale en otro oxímoron, “sentirnos deslumbrados por la pena” esa pena que deslumbra en nuestras pequeñas tristezas, en nuestros reductos de percepción, y esa muralla que recorremos y, todavía nos lo recuerda el poeta, como denotando ausencia de opciones, recordemos el sufrido silencio que operó el fascismo sobre Montale,   “rematada con vidrios de botella”.  Creo que la triste maravilla, y es esto una opinión personal, puede remplazar la tan remanida “felicidad”, ¿qué es feliz entre resquebrajamientos?  Quizás el próximo poema contenga la respuesta.</p>
<p><strong>Arrastra hasta la orilla calcinada</strong></p>
<p>Arrastra hasta la orilla calcinada</p>
<p>los barcos de papel, y luego duerme;</p>
<p>no escuches, muchachito, la bandada</p>
<p>de espíritus malignos que planeando se cierne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Revolotea el búho por el huerto</p>
<p>y un humo lento se espesa en los techos.</p>
<p>El instante que arruina todo el trabajo hecho</p>
<p>llega: a veces estalla, otras hiende en secreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crece la grieta; aunque todo esté quieto.</p>
<p>Aquel que edificó se sabe condenado.</p>
<p>Es la hora en que se salva sólo el barco varado,</p>
<p>amarra tu flotilla junto al seto.</p>
<p>Traducción:  Ricardo Herrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Sobre </em><strong>Arrastra hasta la orilla calcinada </strong><em>dice Roberto Daniel Malatesta: </em></strong></p>
<p>Cómo semejante muestra de oscuridad puede ser tan lumínica, quizás sólo Cesar Vallejos y Montale.  Otra vez la infancia pero aquí explícita, ese muchachito que fuimos, y tal vez somos, cuando los espíritus malignos sobrevuelan en fúnebre planeo,  por eso “arrastra… los barcos de  papel… y luego duerme”.  Si todo está signado para la grieta, que estalla o en secreto hiende, porqué tanto afán, tanta “vanidad de vanidades”, vale el barco varado, la infancia y la poesía que a veces es una, aunque desasosegada, forma de perpetuarla. Hay un aire de pasajes bíblicos, antiguo testamento: Eclesiastés, anhelo de viento, vanidad de vanidades. Para qué todo ese esfuerzo. Pero la poesía no construye, al menos lo sólido, la poesía  amarra sus palabras junto al seto. Aquí también el jardín de la infancia como en el poema anterior, también esa “triste maravilla” por la cual nos desplazamos, esa respuesta en medio de los resquebrajamientos. Y quizás la poesía sea eso. Qué importa la poesía: una respuesta o un llamado en medio de los resquebrajamientos.</p>
<p><strong>Roberto Malatesta</strong> nació en la ciudad de Sta. Fe, República Argentina, en 1961. Ha publicado varios Poemarios:  entre ellos : “Las Vacas y otros Poemas” (1994), ambos ediciones delanada, <em>Premio Municipal de Sta. Fe..</em> “Por encima de los techos” editado en el 2003 por la revista El Arca del Sur . 2004 por Ediciones Leviatán. 2011 y 2012 ediciones de la UNL. Este libro es <em>premio Pedroni categoría Edito</em></p>
<p>“Cuaderno del no hacer nada” 2009 Editorial Sigamos Enamoradas.</p>
<p>En el año 2010 obtiene el premio  <em>José Pedroni de Poesía en obra inédita</em> con “La nada que nos viste”.  Editado conjuntamente por la Unl y el Ministerio. de Innovación y Cultura de la Pcia. de Santa Fe.</p>
<p>En el Año 2011 la Editorial Leviatán edita la Antología “El silencio iluminado” que reúne poemas escritos desde 1987 hasta la actualidad.</p>
<p>“La estrella roja y otros poemas” Ediciones Leviatán</p>
<p>Incluido en Antologías de Poesía Argenina, entre ellas:</p>
<p>“Señales de la nueva poesía Argentina” Gijón España.</p>
<p>Poetas 2, autores de fin de siglo, Editorial Desde la Gente.</p>
<p>“Voix d´Argentine” 2009 Le temps des Cerises- Ecrits des Forges- Leviatán,  Québec, Canadá.</p>
<p>Cuestión de Luz. Diecisiete poetas Argentinos. Editorial Huesos de Jibia.</p>
<p>Poesía del Pensamiento, editorial Endymión. España. 2015.</p>
<p>Junto con la cantautora Flopa Lestani, actuó en espectáculos de poesía y música en distintos escenarios, entre ellos el CCEBA.</p>
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