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	<title>poetas &#8211; CCEBA</title>
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	<title>poetas &#8211; CCEBA</title>
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	<item>
		<title>Salvador Marinaro habla de un poema de Joaquín Giannuzzi</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/salvador-marinaro-habla-poema-joaquin-giannuzzi/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 Sep 2016 16:15:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[Perplejidades del amanecer]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Perplejidades del amanecer</strong></p>
<p>I</p>
<p>Un minuto de fe para buscar a tientas</p>
<p>la camisa más despierta. Una especie</p>
<p>de convicción para sentirme apto.</p>
<p>En la oscuridad menguante, el dormitorio</p>
<p>huele a existencia en bruto,</p>
<p>a ropa fría, a zapatos caídos</p>
<p>con toda la neura encima. Esto insiste</p>
<p>en tener algo que ver contigo.</p>
<p>Desde la calle</p>
<p>los ruidos ciegos y la jadeante</p>
<p>respiración de la materia manufacturada</p>
<p>suben con sus propias razones para vivir.</p>
<p>He allí lo espumoso, la tierra triunfante</p>
<p>que apenas me concierne. Pero la camisa</p>
<p>ya pierde su inocencia, reclama relaciones</p>
<p>y el perpetuo fracaso de la identidad</p>
<p>en el amanecer de este día laborable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desamparo ideológico del lunes:</p>
<p>en la madrugada invernal ha concluido</p>
<p>el aplazamiento. Perplejo</p>
<p>y desdichado a su manera, el pie</p>
<p>con que bajamos de la cama se detiene</p>
<p>a medio camino. En ese titubeo prenatal</p>
<p>también vacilan</p>
<p>el resto del cuerpo</p>
<p>y el ser en general con su condena.</p>
<p>La realidad privada paraliza su regreso</p>
<p>al viejo desastre, a la recurrente</p>
<p>y oscura oportunidad. ¿Qué clase de verdad</p>
<p>hay en esa negación? ¿Qué mano de la época</p>
<p>pone las opciones individuales en punto muerto?</p>
<p>En el cerebro cerrado circula</p>
<p>un gemido que nos detiene al borde</p>
<p>de la respiración universal del día.</p>
<p>Y entre la historia a punto de caer</p>
<p>en la taza de café y la vuelta del rostro</p>
<p>a la dorada aniquilación personal</p>
<p>comienza el lunes en todo el país</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sobre</em> Perplejidades del amanecer<em>, dice Salvador Marinaro:</em></p>
<p>Toda forma de aplazamiento es una decisión trágica: un sujeto, vacilante de sus propias obligaciones, se ve arrastrado por una fuerza desconocida a enfrentarse al cosmos. En este poema de Joaquín Giannuzzi, el rito de descender de la cama, ponerse la camisa y calzarse los zapatos consume la última resistencia. El día empieza y arroja a la voz del poema hacia la realidad inhóspita del lunes, cuando el fin de semana ha concluido.</p>
<p>¿De qué trabaja esta persona? ¿Qué es lo que genera tal frustración? Podría trabajar de cualquier cosa (aunque los zapatos, la camisa, pertenecen al universo de las oficinas); pero no es sólo un sentimiento apático hacia lo laboral (propio de la clase media), sino la afirmación de una época. La vida se refugia en paréntesis breves entre un conjunto de obligaciones que extinguen la mayor parte el tiempo.  El “individuo” se siente movido por una mano invisible que agotó las opciones personales. Por algo la mayor característica del lunes es el “desamparo ideológico”, no existe el placer, ni la ambición, ni la esperanza del futuro.</p>
<p>Ante tal presión, la voz lírica se concentra en observar los objetos y detener el avance durante unos instantes. Por eso el poema produce la sensación de un minuto de oscuridad. Aquel hombre sentado sobre la cama intenta mantener la cabeza erguida y en ese segundo observa las cosas que lo rodean. Las obligaciones vienen del exterior, cada una de las prendas que se aplican sobre su cuerpo (camisa, zapatos, ropa) tiene la capacidad de exigir que este rito se detenga. Hablan como las voces de un coro y piden al poeta que la pérdida de tiempo se interrumpa cuando antes. Sus únicos aliados son las partes del cuerpo.</p>
<p>Por eso, el lenguaje se vuelve árido, seco; términos médicos como “cerebro”, “neura” y nociones técnicas como “fracaso de la identidad” acompañan algunas exageraciones religiosas como “tierra triunfante” y “respiración universal”. A su modo, el poema es sobrio, sin grandes gestos ni giros rítmicos o metáforas. Giannuzzi suele ser incluido en la llamada “poesía del pensamiento” por la preferencia hacia un lenguaje concreto en lugar del lirismo, pero este poema trasmite la sensación de un estado previa al pensamiento: no existe ni el tiempo ni el entorno para la meditación sino una especie de sentimiento, una sensación pensante de la angustia dominical.</p>
<p>Este poema en dos partes narra en tiempo de tragedia la experiencia de todo laburante medio. Al mismo tiempo es una actitud sobre el lenguaje: un ejercicio de la palabra desprovista y contundente al mismo tiempo, como si desconfiara hasta de su propia fuerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Salvador Marinaro </strong>nació en Salta en 1988. Es licenciado en Periodismo y magister en Escritura Creativa. Trabaja como profesor de las materias Taller de Redacción y Semiología en la Universidad del Salvador y colabora habitualmente con el suplemento literario de La Gaceta de Tucumán y la Revista Anfibia.</p>
<p>Tiene dos libros publicados: “Sinfonía de mareados” (poesía-2010) y “Sueños del mono evolucionado” (cuentos-2010).  Obtuvo el primer Premio de poesía y cuento de la Provincia de Salta, el premio Azucena Villaflor organizado por las Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora, el Premio Regional de cuento por el NOA y el premio Filosofía sub-40, entre otras distinciones. Actualmente, cursa un doctorado en Global Studies en la Universidad de Shanghái (China).</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ral Veroni habla de un poema de James Thompson</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/ral-veroni/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Aug 2016 14:54:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[poema]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[poetas]]></category>
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					<description><![CDATA[The City of the Dreadful Night ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>The City of the Dreadful Night</strong><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><em>“No escribo para la juventud esperanzada, ni para los que juzgan su felicidad como un mérito, ni para los que crecen gordos entre los espectáculos de la vida y no sienten duda o escasez, ni para los espíritus piadosos con un dios sobre ellos que los santifica, glorifica y ama, ni para los sabios que predicen el cielo en la tierra. Ninguno de estos podría entenderme aunque se dignara a intentarlo. Si a alguno le interesan estas débiles palabras aquí expuestas debe ser alguien desolado, alguien golpeado por el destino, cuya fe y cuya esperanza están muertas. Algún desesperado flaneur en la misma ciudad de la noche.”</em></p>
<p>(extracto del Proemio del libro <em>The City of the Dreadful Night</em>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre<em> The City of the Dreadful Night </em>dice<em> Ral Veroni:</em></p>
<p>La fuerza de esta obra -la cual encontré por casualidad cuando vivía en Escocia- se encuentra en su pesimismo. Thompson describe en su poema un paisaje oscuro donde nos presenta a la ciudad bajo la penumbra de una noche espantosa. La ciudad de Thompson tiene algo de Londres y algo de Glasgow, aunque el autor prefiere no dar nombres. La obra fue escrita entre 1870 y 1874, publicada por secciones en el <em>National Reformer</em>, un periódico libre pensador durante el apogeo de la industria del imperio y de la miseria que ésta traía aparejada.</p>
<p><em>The City of the Dreadful Night</em> se adelanta en varias décadas a la visión de la ciudad como un lugar de alienación y soledad. En contraste con las creencias victorianas y su confianza en el progreso Thompson describe un universo indiferente a los intereses humanos.</p>
<p>Ya desde el comienzo Thompson nos aclara a quien va dirigido su poema y el por qué del mismo:</p>
<p><em>¿Por qué desenterrar a la fe muerta, </em></p>
<p><em>por qué dejar suelta a la desesperación, </em></p>
<p><em>por qué lamentarse de las discordias de la vida? :</em></p>
<p><em><br />
Porque una fría furia nos arrebata<br />
y deseo mostrar la amarga, arrugada y vieja verdad<br />
desnuda de todas las vestiduras que la enmascaran:<br />
Falsos sueños, falsas esperanzas, falsas máscaras&#8230;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El caso de Thompson, nacido en Port Glasgow en 1834, no es el de aquel que llega al pesimismo por medio del intelecto. Emile Cioran cuenta en una entrevista que una vez su madre le dijo <em>“de haber sabido de tus dolores existenciales nunca te habría dado a luz”</em>. El padre de Thompson sufrió un derrame cerebral en 1840, su madre fallece dos años más tarde, su hermana también muere al poco tiempo, de sarampión <em>“contraído &#8211;</em>según el poeta- <em>a causa de él</em>”. Y al parecer una joven de la que estaba enamorado muere también tempranamente. Pasó su infancia educado en orfanatos y continuó su vida en esa otra institución paternalista que es el ejército, trabajando como maestro en Irlanda. Sin embargo, un incidente relacionado con su tendencia a la bebida le valió la expulsión. Trabajó como oficinista en Londres (algo exasperante aún al día de hoy para cualquiera que viva en esa ciudad –ver por ejemplo, la dolorosa comedia británica The Office- y particularmente grave para un escocés). Probó suerte como oficial en una mina en Colorado que al poco tiempo fue a la quiebra para luego aceptar un encargo como corresponsal de guerra en España, durante una de las guerras Carlistas, aunque su contratante lo llamó de regreso por incompetente.</p>
<p>Por cada una de estos reveses su alcoholismo se acentuaba. Aparte de toda esta larga lista, y como consecuencia, Thompson sufría de insomnio. La ciudad de la noche es la de aquel que maldecido y acosado no puede dormir. El mismo Thompson murió en Londres a los 48 años, en la absoluta miseria y sin techo. Se dice que sus últimas palabras fueron a la vez tan desesperadas y desafiantes que su amigo William Sharp estando a su lado prefirió no registrarlas.<br />
The City of the Dreadful Night esta estructurado en 21 cantos. Un narrador, Thompson, describe la ciudad. Los cantos pares están relatados en tiempo presente, los impares desde la proyección del pasado. El autor mantiene un clima oscuro y claustrofóbico apoyado en cierta monotonía y en imágenes repetidas que acentúan la desesperanza.</p>
<p>The City is of Night; perchance of Death<br />
But certainly of Night;</p>
<p>La ciudad es de la Noche, quizas de la Muerte<br />
Pero sin duda de la Noche&#8230;</p>
<p>El poema comienza con la descripción de un paisaje psicológico para el insomne y real para aquel que como Thompson salía a recorrer muy tarde las calles de Londres:</p>
<p>La luna y las estrellas pueden brillar con desprecio o lástima. El sol nunca visitó la ciudad…</p>
<p><em>La vida es un sueño cuyas formas regresan,<br />
Algunas con frecuencia, otras ocasionalmente, a veces por la noche<br />
Algunas en el día, algunas entre noche y día, y aprendemos<br />
que mientras todo cambia y mucho desaparece,<br />
En la recurrencia, con recurrentes cambios<br />
El orden aparente del que dependemos<br />
Nos hace tener a las cosas por ciertas,<br />
</em><em>tal poder tiene creer.</em></p>
<p>Thompson describe los rostros demacrados que transitan en la ciudad, los cuales parecen sordos y ciegos, como trágicas máscaras de piedra, cada uno envuelto en su propia caída, divagan, divagan o se sientan y piensan por horas con pesadas cabezas. Principalmente hombres maduros, algunos pocos viejos o jovenes, raramente una mujer y de vez en cuando un niño. A menudo murmuran para sí mismos:</p>
<p><em>La ciudad de la noche pero no del sueño<br />
</em></p>
<p>La influencia del Infierno de Dante es abierta. Frases y parafrases aparecen a lo largo del poema y más de una imagen en la que se puede adivinar su paralelo y así y todo más que un homenaje la obra se presenta como una contrapartida: No hay un dios superior y si lo hay es una desgracia, no hay una Beatriz angelical que venga al rescate, solo una mujer en el canto IV lleva su corazón en la mano a modo de linterna:</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>Una figura avanza lentamente junto a una luz rojiza</em></p>
<p><em>Un mujer y una lámpara roja en su mano</em></p>
<p><em>descubierta y descalza sobre la orilla</em></p>
<p><em>ay, pura desolación moviéndose con tal gracia</em></p>
<p><em>ay, angustia con la belleza en el rostro</em></p>
<p><em>…</em></p>
<p><em>esa lámpara que ella sostiene es su propio corazón ardiendo</em></p>
<p><em>el que deja con cada paso una gota de su sangre</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imagen es una referencia directa al canto xxviii, verss. 118-22 del Infierno donde aparece el poeta Bertran de Born llevando su propia cabeza cercenada a guisa de fanal.</p>
<p>Ya en el canto II de la obra de Thompson aparece entre todos los deambulantes un hombre que aparenta saber adonde va. El narrador, por curiosidad, decide seguirlo. Por las calles oscuras el hombre misterioso se detiene en tres lugares, un iglesia, un jardín y una casa, solo para señalar en cada uno de ellos el sitio en donde murió su fe, su amor y su esperanza. El poeta decide abandonar a su guía cuando se da cuenta que este, como un Virgilio enajenado, repite su círculo una y otra vez: la iglesia, el jardin, la casa&#8230;</p>
<p>En el canto IV. El poeta describe su encuentro con un declamador, una especie de Zaratustra solitario que se comporta como si una gran multitud estuviera frente a él (me hace pensar en los libros de Nietzsche, el solitario, que en su época no vendía más que diez ejemplares de sus libros).</p>
<p>En el canto VIII le toca el turno a dios:</p>
<p><em>¿Quién es el más desgraciado en este lugar de dolor? / Pienso en mí y sin embargo prefiero ser mi miserable yo antes que ser Él / Él, que creó tales criaturas a semejanza de su propia desgracia.<br />
</em><br />
Y continúa:<em><br />
</em><br />
<em>Ni por todo Tu poder contenido o desplegado<br />
Ni por todos los templos a tu gloria construidos<br />
Asumiría yo la ignominiosa culpa<br />
De haber creado a tales hombres en este mundo</em></p>
<p>Como si un Ser, Dios o Demonio pudiera reinar<br />
Y ser a la vez tan idiota, malvado y loco<br />
Como para haber creado a los hombres<br />
teniendo en su poder la opción de abstenerse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego vienen unos versos que me recuerdan a Discepolo, aunque los de Thompson se adelantan por 50 años:</p>
<p><em>El mundo gira para siempre como un molino<br />
Que muele la muerte y la vida, el bien y el mal:<br />
Sin proposito, sin corazon, ni mente, ni voluntad</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Yira, yira,</em> de Discepolo, escrita en 1929 luego de la debacle de Wall Street reza:</p>
<p><em>Verás que todo es mentira,<br />
verás que nada es amor,<br />
que al mundo nada le importa.<br />
Yira&#8230; yira&#8230;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>The City of the Dreadful Night</em> no solo se anticipa al pesimismo del tango. La obra prefigura de un modo inquietante la angustia del siglo XX por la ausencia de dios o su inexplicable distancia ante las catástrofes y las crueldades, a las imágenes metafísicas de De Chirico, a los paisajes surrealistas y a las desoladas descripciones del <em>The</em> <em>Waste Land</em> de Eliot. Este último reconoció en el poema de Thompson una de sus principales influencias.</p>
<p>El canto final de este largo poema no deja lugar a la esperanza y solo reconfirma la angustia original:<br />
<em>Sentir que toda lucha lleva a la derrota<br />
Porque el Destino no nos reserva ningún premio para coronar el éxito;<br />
Que todos los oráculos son torpes o mienten<br />
Porque nadie tiene secretos que revelar<br />
Que nada puede rasgar el incierto y vasto velo negro<br />
Porque no hay luz detrás del manto<br />
Puesto que todo es vanidad y nada.      </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ral Veroni</strong> es poeta, artista plástico, galerista, editor y librero anticuario. Inició su actividad a mediados de los 80 dentro de la escena underground de Buenos Aires con una obra construida alrededor de la relación entre texto e imagen. Pasó varios años en el exterior y en especial trabajó en centros de gráfica de distintos países: Estados Unidos, México, Inglaterra, Escocia, Alemania y España. De su estadía de seis años en Escocia viene su interés por la poesía de ese país. Actualmente coordina la plataforma de proyectos Teatrito Rioplatense de Entidades, fundada por él y Vicente Mario di Maggio en 2010. Dirige junto con Linda Neilson la Galería Mar Dulce, de Buenos Aires, y es editor en el sello Ediciones Urania. En 2013 publica el libro de poemas Teatrito Rioplatense de Entidades (Adriana Hidalgo Editora).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Fabián Iriarte habla de un poema de J. R. Wilcock</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/fabian-iriarte-lee-poema-j-r-wilcock/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Aug 2016 18:23:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[poetas]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando tú, mi poesía, lees poesía…]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Cuando tú, mi poesía, lees poesía…</strong><br />
Cuando tú, mi poesía, lees poesía,<br />
el cielo se oscurece con una luz verde,<br />
la gente huye de la orilla del mar<br />
por un presentimiento remoto de tormenta<br />
o de contraste entre los elementos,<br />
se enarbolan chispas en los cables del tranvía,<br />
y un gran silencio cae sobre la ciudad:<br />
es la poesía que se contempla a sí misma.<br />
Lees palabras de un tiempo olvidado,<br />
de un presente que se derrumba, sin tregua,<br />
velozmente en un pasado informe,<br />
lees acerca de un rey y de coronas, jardines y guerras,<br />
tú que eres la corona de cada imperio<br />
y el jardín del mundo conocido<br />
y la guerra de los sentidos de la naturaleza,<br />
lees: “¿quién profesará mis versos en el futuro<br />
si digo ahora todo lo que vales?”.<br />
Y sucede en aquel momento que esos versos,<br />
como una flecha arrojada a los siglos<br />
llegan un día a quien los inspiró.<br />
Y entonces la oscuridad verde se hace total,<br />
la gente se oculta, abrumada,<br />
y en un silencio como de terremoto<br />
se alza la luna sobre los castillos romanos<br />
y todo vira lentamente al azul,<br />
mientras tú, mi poesía, lees poesía.</p>
<p>Traducción de Guillermo Piro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sobre</em> Cuando tú, mi poesía, lees poesía… <em>dice Fabián Iriarte:</em></p>
<p>¿Por qué me gusta tanto este poema? Quizás porque leo poesía, porque escribo poesía, y porque creo (con un poco de inocencia y con un poco de estupidez, que no es tan mala como parece) en la taumaturgia de la poesía. Es la descripción de una <em>escena de lectura</em>: se contempla al amado leyendo un poema. Pero eso no es todo: en la lectura del amado, la poesía se contempla a sí misma (en un <em>efecto metapoético</em>). El círculo no es vicioso, sino estético y amoroso. El efecto del poema leído en esta escena de lectura es <em>indirecto</em>: el amado / lector apenas se da cuenta de lo que causa, porque está atento a su propia lectura. ¡Y todo lo que causa el amado!: oscuridad y luz, paradojas, huidas de gente, fuego, silencio, y de nuevo, más oscuridad, color azul, color verde, el ruido y el silencio, más paradojas, la luz al fin.</p>
<p>J.R. Wilcock (Buenos Aires, 1919 &#8211; Viterbo, Italia, 1978) escribió una secuencia de 34 poemas, en un italiano engarzado de joyas verbales acuñadas por él mismo, con el título de <em>Italienisches Liederbuch</em> (“Cuaderno de canciones italianas”), en el mes de julio de 1973, en Lubriano. Exiliado en Italia, Wilcock había decidido cambiar su idioma de escritura. La traducción al español de este libro se debe a Guillermo Piro (Editorial Huesos de Jibia, 2010).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poesía que el amado está leyendo es la secuencia de sonetos de William Shakespeare (1564-1616). Así, el recorrido circular de la poesía sucede en el tiempo además de suceder en el espacio: poemas ingleses de fines del siglo XV y principios del siglo XVI son leídos por alguien en Italia en el siglo XX, y nosotros leemos la descripción de esa escena, hecha en italiano por un argentino y luego vertida al castellano, en el siglo XXI. ¿Quién lee a quién? ¿Quién ha escrito / descrito a quién? ¿Quién inspira a quién?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suenan varios ecos de los sonetos de Shakespeare: el primer verso (y el último, que es eco del primero) reelabora los versos 9-10 del soneto 128: “How oft, when thou, my music, music play’st…” (“Cuántas veces, cuando tú, mi música, tocas música…”), un poema en que el hablante expresa sus celos y su envidia por las teclas del piano que acarician los dedos de su amado, cuando éste toca música.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los versos en que describe con epítetos al amado (“tu che sei la corona di ogni impero / e il giardino del mondo conosciuto / e la guerra dei sensi della natura”) son ecos de los versos 9-10 del soneto de apertura de la secuencia: “Thou that art now the world’s fresh ornament, / And only herald to the gaudy spring…” (“Tú que eres ahora el joven adorno del mundo / y el único heraldo de la alegre primavera…”).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalmente, el último eco shakespeariano está en los versos, ya no como alusión, sino como cita (traducidos al italiano) de los versos 1-2 del soneto 17: “Who will believe my verse in time to come / If it were filled with your most high deserts?” (“¿Quién va a creer en mis versos en el futuro / si están llenos de tus más altos méritos?”), en los que el hablante duda acerca de la persistencia de la poesía, esa cosa frágil y elusiva, sin darse cuenta de que el amado está leyendo poesía: ¿qué mejor prueba, qué prueba más elocuente, de su inmortalidad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así como en la Edad Media existía el género de los “milagros de la Virgen”, este texto inaugura—creo yo—el género del “milagro del ser amado”. <em>Miracolo!</em>: el amado causa efectos inesperados en el universo. El amor y la poesía tienen eso en común.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Quando tu, mia poesia, leggi poesía…</strong></p>
<p>Quando tu, mia poesia, leggi poesia, / si oscura il cielo di una luce verde, / la gente sfugge la riva del mare / per un senso remoto di tempesta / o di contrasto tra gli elementi, / vampe si inalberano sui fili dei tram, / e un gran silenzio cala sulla città: /<br />
è la poesia che contempla se stessa. / Leggi parole di un tempo scomparso, / di un presente che crolla senza sosta / velocemente nell’informe passato, / leggi di re e corone, giardini e guerre, / tu che sei la corona di ogni impero / e il giardino del mondo conosciuto / e la guerra dei sensi della natura, / leggi, « chi crederà i miei versi in avvenire / se dico adesso tutto il tuo valore? » / e accade in quel momento che quei versi / come una freccia scagliata nei secoli / raggiungono chi un giorno li ha ispirati. / E allora il buio verde si fa totale, / la gente si rintana, sopraffatta, / e in un silenzio come di terremoto / si alza la luna sui Castelli Romani / e lentamente volge tutto all’azzurro, / mentre tu, mia poesia, leggi poesia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fabián O. Iriarte </strong>nació en Laprida, provincia de Buenos Aires, en 1963. Desde 1979 reside en Mar del Plata.</p>
<p>Doctorado en Humanidades en la Universidad de Texas en Dallas (1999), enseña literatura inglesa &amp; norteamericana y literatura comparada en la Universidad Nacional de Mar del Plata.</p>
<p>Recibió el Premio Alfonsina de literatura (2004), el 2º premio del Concurso Osvaldo Soriano de Poesía (2006), el 2º premio del Concurso de Poesía Casa Museo Olga Orozco (2013) y el Premio Lobo de Mar en Literatura (2015).</p>
<p>Colabora con ensayos, reseñas, traducciones y poemas en revistas, antologías y sitios de Internet.</p>
<p>Entre sus libros de poesía se cuentan <em>La mudanza</em> (Gogol, 2009), <em>Devoción por el azar</em> (Bajo la Luna, 2010), <em>Cuentas por saldar</em> (Ediciones en Danza, 2010), <em>Las confesiones</em> (Huesos de Jibia, 2012), <em>La Caja P</em> (Ediciones del Dock, 2012), <em>Litmus test</em> (UNL, 2013) y <em>El punto suspensivo</em> (Letra Sudaca, 2014).</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sergio Pangaro habla de un poema de sor Juana Inés de la Cruz</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/6222-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2016 15:43:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[poetas]]></category>
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					<description><![CDATA[Sergio Pangaro]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Al que ingrato me deja, busco amante;<br />
Al que amante me sigue, dejo ingrata;<br />
Constante adoro a quien mi amor maltrata;<br />
Maltrato a quien mi amor busca constante.</p>
<p>Al que trato de amor, hallo diamante,<br />
Y soy diamante al que de amor me trata;<br />
Triunfante quiero ver al que me mata,<br />
Y mato al que me quiere ver triunfante.</p>
<p>Si a éste pago, padece mi deseo;<br />
Si ruego a aquél, mi pundonor enojo:<br />
De entrambos modos infeliz me veo.</p>
<p>Pero yo, por mejor partido, escojo<br />
De quien no quiero, ser violento empleo,<br />
Que, de quien no me quiere, vil despojo.</p>
<p>&nbsp;<br />
<em>Sobre este soneto de sor Juana Inés de la Cruz, dice Sergio Pángaro:</em></p>
<p>Este poema, duro y aristado, un soneto puede parecer un fósil, muestra que ciertas maneras de plantear el amor en la actualidad, no son todo lo modernas que quisiera la vanguardia. También cómo la mecánica del lenguaje puede atrapar la naturaleza volátil de lo sentimental.</p>
<p>El poema de de la Cruz, como una máquina de enunciar, o de pensar, nos sugiere que la ciencia puede venir en ayuda del discernimiento. Que arrojando las piezas del conflicto dentro de un soneto, el procedimiento literario nos devolverá algo más bello y menos amenazante.</p>
<p>La tristeza de buscar el amor de quien nos deja, o la indignidad de abandonar a quien nos ama, no resultan tan inquietantes como estos términos morales devueltos en forma de reflejo por un poema barroco que deja al descubierto lo irracional. ¿En qué momento estos términos amor-ingratitud-búsqueda, comienzan a comportarse asimétricamente? Sea el que fuere, en ese momento el soneto comienza a comportarse como un silogismo.</p>
<p>Elegir el soneto no parece casual cuando se trata un tema al que se le busca una salida. De hecho hay más sonetos de la autora con el mismo tema, pero acaso este sea el más inquisitivo. Para evitar dispersiones, todos los versos tienen 11 sílabas que riman consonantes. Durante las dos primeras estrofas, el planteo resulta asfixiante porque sus rimas ABBA, con cierta mordacidad, no dejan salir ni entrar nada de esa relación entre seguir-dejar-buscar-amar-triunfar-matar.</p>
<p>El primer cuarteto habla del trato amoroso, el segundo sobre la conciencia de este comportamiento injusto, como si desde el origen de los tiempos la gente amara así, y nada fuera capaz de modificarlo. Entonces, cuando con generosidad la escritora evita complicidades, detrás de esa monolítica primera persona, estamos todos los que antes o después, nos ponemos delante de sus versos.</p>
<p>Pero este friso de mármol, quizás el de un ordenado y clásico sepulcro para el alma del amante, tiene otro par de estrofas impares que desestabilizan la regularidad de las dos primeras, y proponen una salida. Esta salida es una reflexión de tipo moral, que tratándose de un dilema tan complejo, tampoco da resultados felices.</p>
<p>Por alguna razón en la primera parte, cuando se presentan los hechos domésticos, las categorías que se usan son más elevadas que las del final: “Amar-triunfar-matar”, contra los posteriores: “mejor partido-pundonor-vil despojo”. Como si no se pudiera pensar útilmente mientras se es parte de una cadena de pertenencias. La conclusión está en la anteúltima estrofa: interrumpiendo el ritmo paralelo, dice que no hay manera de ser feliz en el amor.</p>
<p>El postulado siguiente, al final del poema, es solo una conclusión de emergencia, una guía práctica para quienes puedan buscar en la poesía algo útil, quizás a la usanza de la época. Pero queda claro que las opciones ofrecidas están muy alejadas de las aspiraciones con las que se trataba el tema en el inicio.</p>
<p>La solución propuesta en los tercetos es decepcionante. Quizás porque resolver el amor esté destinado al fracaso, o porque el orden terrenal pone las leyes del amor en términos mezquinos. Viendo la figura vertical del poema, e inspirado sin quererlo en la probable verticalidad que debió sufrir Sor Juana en el convento, no puedo evitar configurar la composición como una cosmogonía en donde cuartetos impenetrables flotan sobre imperfectos y terrenales tercetos.</p>
<p>Afirmando la irregularidad del terceto, en el segundo de ellos, es decir familiarizados con esta nueva lógica, la autora se pronuncia práctica y expeditiva, no está conforme, pero podría ser peor.</p>
<p>Visualmente, las dos últimas estrofas de tres versos son inferiores en tamaño que las primeras de cuatro, como si ya no hubiera lugar para mayores ambiciones que el mal menor. En este escenario restringido es donde Juana Inés de la Cruz, después de haber planteado magistralmente uno de los temas centrales del arte y la filosofía, nos ilustra que se puede sufrir por amor, pero que la solución propuesta a ras del suelo no puede aliviarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sergio Pangaro</strong> publicó Señores Chinos (1999), Oh poesía (2003), ZZZ (2004)<em>, </em>Memorias de Baccarat (2005). Sus textos fueron incluidos en las antologías: Confesionario (2005) del Centro Cultural Ricardo Rojas, Antología Poetas Rock (2003), compilado por Gustavo Alvarez Núñez, Cuentos Argentinos (2003), compilado por Rodolfo Fogwill. Artículos periodísticos, poesías y opinión en <em>Cerdos y Peces</em> (1991), <em>Negra</em> (2005), <em>El Día</em> de La Plata (1997-1998), <em>Belleza y Felicidad</em> (1998), <em>Abuelas de Plaza de Mayo</em> (2002) y la revista de literatura y traducción <em>Tokonoma</em> (1993-2014).. Editó sus composiciones musicales en los albums Baccarat por el mundo (1999), Debut y Despedida (1999)<em>, </em>En vivo en La Ideal (2001), Baccarat en castellano&#8230;! (2003), Autoayuda (2005), Grandes Éxitos del Mañana (2013) Partició junto a Alfredo Prior de las performánces Operas Chinas Completas (1999), y Cómo resucitar una liebre muerta (2000), en el Museo de Arte Moderno.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Rubén Enrique Guerrero habla de un poema de Ricardo Zelarayán</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/ruben-enrique-guerrero-habla-poema-ricardo-zelarayan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Jul 2016 18:34:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[poetas]]></category>
		<category><![CDATA[Zelarayán]]></category>
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					<description><![CDATA[Materia Prima Melancólica ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Materia Prima Melancólica </strong></p>
<p>A tu cuerpo se lo llevan a pulso las palabras que se dicen para no hablar.<br />
Carretilla sin rueda, tu baúl de cartón colorado se derrumba entre las vías muertas.<br />
Y todo huele a pluma quemada.</p>
<p>Pasan dos peones forcejeando en una zorra. Y ya se alejan hipando:<br />
-¡No te echés p’atrás, brasa en el culo!<br />
-Y vos no me sigas dando soga, che…</p>
<p>Eras nomás la vecinita aquella, la que esperaba el ómnibus<br />
en el descampado, bajo la sombra rala del paraíso aquel.<br />
Última chance: las palabras resbalan como agujeros de cinturón.</p>
<p>Hay que llevarse el cuerpo que amenaza siempre con la última palabra.<br />
La palabra filosa contra los palabreros de ley que acabarán por apalabrarnos.</p>
<p>Metido en bolsa de arpillera se sienten las patadas de los materos<br />
de amargos. Después, el gusto del sisal con que te cosen la boca,<br />
las orejas, los ojos y el culo, naturalmente.</p>
<p>El tordillo desensillado masca sus brotes agrios. Hay moscas sobre<br />
la bosta dulce y fresca. La roldana canta y canta mientras el balde<br />
sube y baja. Agüita de las palabras.</p>
<p>Es sábado. Los obreros de vialidad ya se fueron de farra. El viento<br />
silba entre las chapas de la casilla solitaria junto a la ruta. Poco<br />
más allá, rosa de fuego en la penumbra, un camión arde ahí nomás,<br />
haciendo señas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>Sobre </em>Materia prima melancólica<em> dice Rubén Enrique Guerrero:  </em></strong></p>
<p><strong>La materia prima: la palabra. </strong></p>
<p>Lo que me más me pegó de este poema de Zelarayán es esa idea de que hay palabras que se dicen, pero no son palabras que se dicen para hablar. Palabras que adquieren la capacidad de llevarnos, eso sí, no sabemos dónde. Esas palabras que se dicen pareciera que se van acumulando. Son escenas. Hay movimiento. El poema tiene pequeñas escenas, esas escenas le marcan el ritmo. En este poema parece que todo lo que decimos para no hablar se vuelve corriente que empuja o cualquier cosa que traccione a pulso. Palabras que son pura comunicación y nos arrastran. Entonces, esas palabras que se dicen: ¿son puro juego? ¿pura distracción? ¿puro pucho? ¿pura “carretilla sin rueda”? ¿pasatiempo? ¿escondite? ¿y  para qué decimos esas palabras? ¿para arrastrar qué cosa? Ay! mejor me callo.</p>
<p>De esa primera línea del poema me quedan un par de preguntas,  y algunas otras cosas: ¿a dónde es llevado ese cuerpo? Viaje en zorra, paseo ferroviario, trabajo de obrero, viaje por vías muertas, tiempo de charla. Charlar es un viaje a no sabemos dónde. Decir no es hablar.</p>
<p>Otras: ¿qué será hablar? ¿qué palabras deberíamos usar para hablar? ¿hay palabra pura?</p>
<p>Tenía entendido que las palabras se usan para entendernos, o no, con los otros, organizarnos, etc. pero en este poema eso que se le dice al otro es pasa tiempo, chiche, máscara, o pura organización. Si las palabras se usan para no hablar, entonces, la utilidad del lenguaje me parece otra: ocultar.</p>
<p>Lo que me queda: hablar es todo lo que no es palabrerío. Hablar no es fácil. Hablar con palabras parece imposible. Hablar no es juego.</p>
<p><strong>La materia prima melancólica: no hablar. </strong></p>
<p>En el poema creo encontrar dos tipos de palabras; una esquiva, resistente y la otra, visible, engañosa “palabra filosa contra los palabreros de ley que acabaran por apalabrarnos.” Tomo una postura, me inclino por un tipo de palabra. Me reservo por cual. El poema propone que “Hay que llevarse el cuerpo que amenaza siempre con la última palabra” ¿pero entonces qué? Ya no habrá palabra. Habrá que hablar. Horror. Mejor salgamos de paseo “Última chance: las palabras resbalan como agujeros de cinturón” y “un camión arde ahí nomás, haciendo señas.” Qué felicidad, ya podemos volver a no hablar. Eso me gusta del poema.</p>
<p><strong>Rubén Enrique Guerrero</strong> nacío el 29 de mayo de 1982 en Avellaneda. Actualmente vive en Adrogué. Es Redactor publicitario. Está por finalizar la carrera Licenciatura en letras de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Es exfutbolista. Colaborador en la editorial Zindo &amp; Gafuri. Participó en el grupo de poesía “Paladar espina”. Cantante en el proyecto musical ellamente -música y poesía- y en otros proyectos musicales (a fines de Julio va a estrenar uno). En 2013 publicó el libro de poesía No transpira con el sello editorial Zindo &amp; Gafuri. En estos próximos días sale su segundo libro Ahora que estamos en verano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>Roberto Malatesta habla de dos poemas de Eugenio Montale</title>
		<link>https://v4.cceba.org.ar/roberto-malatesta-poetas-leen-poesia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[ccebaSJ]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Jul 2016 17:40:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poetas leen poesía]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Montale]]></category>
		<category><![CDATA[poema]]></category>
		<category><![CDATA[poesia]]></category>
		<category><![CDATA[poetas]]></category>
		<category><![CDATA[poetas leen poesia]]></category>
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					<description><![CDATA[Con pálida y absorta somnolencia y Arrastra hasta la orilla calcinada]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Con pálida y absorta somnolencia</strong></p>
<p>Con pálida y absorta somnolencia</p>
<p>recostarme en el muro de una huerta,</p>
<p>sentir en los arbustos la presencia</p>
<p>del pájaro escondido y la culebra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por la senda o encima de la hierba</p>
<p>curiosear la labor de las hormigas,</p>
<p>ya sea que se dispersen o se apiñen</p>
<p>en la cima de su ínfima gavilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al observar a través del follaje</p>
<p>las lejanas escamas del oleaje</p>
<p>escuchar la cigarra que se obstina</p>
<p>con su chirrido en la árida colina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al alejarnos, bajo el sol que ciega</p>
<p>sentirnos deslumbrados por la pena</p>
<p>de saber que esta vida y su faena</p>
<p>es como recorrer una muralla</p>
<p>rematada con vidrios de botella.</p>
<p>Traducción:  Ricardo Herrera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Sobre </em>Con pálida y absorta somnolencia<em> dice Roberto Daniel Malatesta:<br />
</em></strong><br />
Me suena tan familiar este poema de Montale, aunque para mí el mar esté a una distancia inaudita. Me resulta familiar ese sopor de la siesta, esos huertos que aunque cerrados con tapiales, costumbre italiana: rematados con vidrios de botella. Ese clima misterioso, su microcosmo que los hace infinitos, y por lo tanto, por su infinitud el mar bien puede caber en sus alrededores.  Es esa humedad, tan de mi región litoraleña, ese cerrarse del aire, y, aquí llegamos a uno de los puntos clave: ese silencio hace que se <em>perciban</em> presencias:   pájaro, culebra;   nótese  que no se oye al pájaro ni a la culebra, la tranquilidad es tal que nos hace “sentir la presencia”…sólo la chicharra con su sonido de fondo se impone, tanto que ya bien puede tratarse del silencio mismo, en otra vibración. Estamos en el verano, estación más que propicia para sestear en el patio, tumbado contra el tapial o un árbol, y en duermevela, observar lo mínimo, “curiosear la labor de las hormigas”: todo es significativo, desde esos insectos que se mueven por momento casi sin sentido, parábola quizás de la locura humana, se apiñan en la cima de una ínfima gavilla, y todo esto nos retrotrae a la infancia, o para mejor expresarlo: nos trae la infancia. Nadie mejor que el niño para fijar la atención, para sentir. Me trae mi propia infancia en el patio de mi casa natal o en el de mis abuelos. Ese placer del silencio donde todo, nos dirá Montale, está a punto de revelar  un íntimo secreto…no importa que no resulte, no importa develar, importa esa sensación, también infinita de inminencia.</p>
<p>Llegamos a un verso que me gusta destacar como ejemplo de traducción, en italiano dice “lontano di scaglie di mare” los acentos en las a, las consonantes n d l, las i, toda una reproducción sonora del oleaje del mar, traducirlo literalmente en “lejano de escamas de mar”  es una destrucción del sonido, por lo tanto del verso. Qué elige el traductor, para mí espléndido: “las lejanas escamas del oleaje”, dónde los golpes de las l y las j, los acentos  también en las a, nos devuelven el mar del verso original, repito espléndido.  No el único acierto, desde ya, pues si el poema en castellano cautiva también se lo debemos al traductor, quien trae el jardín italiano y lo transplanta, como aquel girasol Montaliano “enloquecido de luz” en nuestros jardines.</p>
<p>Y el final, esa triste maravilla de Montale en otro oxímoron, “sentirnos deslumbrados por la pena” esa pena que deslumbra en nuestras pequeñas tristezas, en nuestros reductos de percepción, y esa muralla que recorremos y, todavía nos lo recuerda el poeta, como denotando ausencia de opciones, recordemos el sufrido silencio que operó el fascismo sobre Montale,   “rematada con vidrios de botella”.  Creo que la triste maravilla, y es esto una opinión personal, puede remplazar la tan remanida “felicidad”, ¿qué es feliz entre resquebrajamientos?  Quizás el próximo poema contenga la respuesta.</p>
<p><strong>Arrastra hasta la orilla calcinada</strong></p>
<p>Arrastra hasta la orilla calcinada</p>
<p>los barcos de papel, y luego duerme;</p>
<p>no escuches, muchachito, la bandada</p>
<p>de espíritus malignos que planeando se cierne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Revolotea el búho por el huerto</p>
<p>y un humo lento se espesa en los techos.</p>
<p>El instante que arruina todo el trabajo hecho</p>
<p>llega: a veces estalla, otras hiende en secreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Crece la grieta; aunque todo esté quieto.</p>
<p>Aquel que edificó se sabe condenado.</p>
<p>Es la hora en que se salva sólo el barco varado,</p>
<p>amarra tu flotilla junto al seto.</p>
<p>Traducción:  Ricardo Herrera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Sobre </em><strong>Arrastra hasta la orilla calcinada </strong><em>dice Roberto Daniel Malatesta: </em></strong></p>
<p>Cómo semejante muestra de oscuridad puede ser tan lumínica, quizás sólo Cesar Vallejos y Montale.  Otra vez la infancia pero aquí explícita, ese muchachito que fuimos, y tal vez somos, cuando los espíritus malignos sobrevuelan en fúnebre planeo,  por eso “arrastra… los barcos de  papel… y luego duerme”.  Si todo está signado para la grieta, que estalla o en secreto hiende, porqué tanto afán, tanta “vanidad de vanidades”, vale el barco varado, la infancia y la poesía que a veces es una, aunque desasosegada, forma de perpetuarla. Hay un aire de pasajes bíblicos, antiguo testamento: Eclesiastés, anhelo de viento, vanidad de vanidades. Para qué todo ese esfuerzo. Pero la poesía no construye, al menos lo sólido, la poesía  amarra sus palabras junto al seto. Aquí también el jardín de la infancia como en el poema anterior, también esa “triste maravilla” por la cual nos desplazamos, esa respuesta en medio de los resquebrajamientos. Y quizás la poesía sea eso. Qué importa la poesía: una respuesta o un llamado en medio de los resquebrajamientos.</p>
<p><strong>Roberto Malatesta</strong> nació en la ciudad de Sta. Fe, República Argentina, en 1961. Ha publicado varios Poemarios:  entre ellos : “Las Vacas y otros Poemas” (1994), ambos ediciones delanada, <em>Premio Municipal de Sta. Fe..</em> “Por encima de los techos” editado en el 2003 por la revista El Arca del Sur . 2004 por Ediciones Leviatán. 2011 y 2012 ediciones de la UNL. Este libro es <em>premio Pedroni categoría Edito</em></p>
<p>“Cuaderno del no hacer nada” 2009 Editorial Sigamos Enamoradas.</p>
<p>En el año 2010 obtiene el premio  <em>José Pedroni de Poesía en obra inédita</em> con “La nada que nos viste”.  Editado conjuntamente por la Unl y el Ministerio. de Innovación y Cultura de la Pcia. de Santa Fe.</p>
<p>En el Año 2011 la Editorial Leviatán edita la Antología “El silencio iluminado” que reúne poemas escritos desde 1987 hasta la actualidad.</p>
<p>“La estrella roja y otros poemas” Ediciones Leviatán</p>
<p>Incluido en Antologías de Poesía Argenina, entre ellas:</p>
<p>“Señales de la nueva poesía Argentina” Gijón España.</p>
<p>Poetas 2, autores de fin de siglo, Editorial Desde la Gente.</p>
<p>“Voix d´Argentine” 2009 Le temps des Cerises- Ecrits des Forges- Leviatán,  Québec, Canadá.</p>
<p>Cuestión de Luz. Diecisiete poetas Argentinos. Editorial Huesos de Jibia.</p>
<p>Poesía del Pensamiento, editorial Endymión. España. 2015.</p>
<p>Junto con la cantautora Flopa Lestani, actuó en espectáculos de poesía y música en distintos escenarios, entre ellos el CCEBA.</p>
<p>&nbsp;</p>
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