Poetas leen poesía

Silvia Camerotto habla de un poema de Hilda Doolittle

Ciudades

 

Podemos creer- haciendo un esfuerzo

por consolar nuestros corazones:

que todo esto no es pérdida,

que no fue puesto aquí para ofender

calle tras calle,

todas siguiendo el mismo modelo,

sin elegancia que destaque

una casa entre cientos

amontonadas en un jardín.

 

Amontonadas – podemos creerlo,

sin completa desazón,

en irónico juego-

pero el hacedor de estas ciudades se desdibujaba

frente a la belleza del templo

y el espacio que antecede al templo,

arcada sobre perfecta arcada,

pilares y corredores que conducían

a patios y porches extraños

donde la luz del sol pisoteaba

las sombras del jacinto

oscureciéndolas contra la vereda.

 

Porque el hacedor de ciudades se desdibujaba

ante el esplendor de los palacios,

paralizado mientras las flores de incienso

de los árboles de incienso

caían sobre el piso de mármol,

lo pensó de otro modo, fabricándolas-

iguales, calle tras calle.

 

Porque, ay,

había amontonado de tal manera la ciudad

que los hombre no podían comprender la belleza,

la belleza los tapaba,

los atravesaba, los rodeaba,

sin siquiera una grieta vaciada de miel,

excepcional, inabarcable.

 

Entonces construyó una nueva ciudad,

ah, ¿podremos creerlo?, sin ironías

sino para un nuevo esplendor

construyó nueva gente

que se elevara tras un lento crecimiento

hacia una belleza hasta ahora sin igual-

y creó nuevas células,

horribles primero, horribles ahora-

esparció larvas sobre ellas,

no miel, sino furiosa vida.
Y estas oscuras células,

amontonadas calle tras calle,

almas vivas, todavía horribles-

desfiguradas o deformadas,

sin rastro de la belleza que

alguna vez los hombres poseyeron con tanta liviandad.

 

¿Podemos pensar que unas pocas viejas células

sobrevivieron –nosotros sobrevivimos-

gotas de miel,

viejo polvo de polen extraviado,

amortiguado en nuestras alas rotas,

y nos quedaron para recordar las viejas calles?

 

¿Es nuestra tarea menos dulce

que las larvas que aun duermen en sus células?

O que reptan para atacar nuestra frágil fortaleza:

eres inútil. Estamos vivos,

esperamos grandes acontecimientos.

Nos esparcimos a través de esta tierra.

Protegemos nuestra sólida raza.

Eres inútil.

Tu célula ocupa el lugar

de nuestra joven fuerza futura.

 

Aunque estén dormidas o despierten para atormentar

y deseen desplazar nuestras viejas células-

raro y fino oro-

que engorda sus larvas-

¿es nuestra tarea menos dulce?

 

Aunque vaguemos por ahí,

sin encontrar la miel de las flores en este desperdicio,

¿es nuestra tarea menos dulce-

para nosotros que recordamos el viejo esplendor,

esperando la nueva belleza de las ciudades?

 

La ciudad está poblada

de espíritus, no fantasmas, oh, amor mío:

 

Aunque se interpusieron entre nosotros

y usurparon el beso de mi boca

su aliento fue tu don,

su belleza, tu vida.

 

H.D (Hilda Doolittle), Bethlehem, Pennsylvania, 1886 – Zurich, 1961

Versión © Silvia Camerotto

 

 

Cities

Can we believe — by an effort /comfort our hearts: /it is not waste all this, /not placed here in disgust, /street after street, /each patterned alike, /no grace to lighten /a single house of the hundred /crowded into one garden-space.  //Crowded — can we believe, /not in utter disgust, /in ironical play — /but the maker of cities grew faint /with the beauty of temple /and space before temple, /arch upon perfect arch, /of pillars and corridors that led out /to strange court-yards and porches /where sun-light stamped /hyacinth-shadows /black on the pavement.  //That the maker of cities grew faint /with the splendour of palaces, /paused while the incense-flowers /from the incense-trees /dropped on the marble-walk, /thought anew, fashioned this — /street after street alike.  //For alas,

/he had crowded the city so full /that men could not grasp beauty, /beauty was over them, /through them, about them, /no crevice unpacked with the honey, /rare, measureless.  //So he built a new city, /ah can we believe, not ironically /but for new splendour /constructed new people /to lift through slow growth /to a beauty unrivalled yet — /and created new cells, /hideous first, hideous now — /spread larve across them, /not honey but seething life.  //And in these dark cells, /packed street after street, /souls live, hideous yet — /O disfigured, defaced, /with no trace of the beauty /men once held so light.  //Can we think a few old cells /were left — we are left — /grains of honey, /old dust of stray pollen /dull on our torn wings, /we are left to recall the old streets?  //Is our task the less sweet /that the larve still sleep in their cells? /Or crawl out to attack our frail strength: /You are useless. We live. /We await great events. /We are spread through this earth. /We protect our strong race. /You are useless. /Your cell takes the place
of our young future strength
//Though they sleep or wake to torment  /and wish to displace our old cells — /thin rare gold — /that their larve grow fat — /is our task the less sweet?  //Though we wander about, /find no honey of flowers in this waste, /is our task the less sweet — /who recall the old splendour, /await the new beauty of cities?  //The city is peopled /with spirits, not ghosts, O my love:  //Though they crowded between /and usurped the kiss of my mouth /their breath was your gift, /their beauty, your life.

 

Sobre Ciudades dice Silvia Camerotto: 

Tal vez no sea el poema más bello de H.D, sin embargo, está presente el caos que provocó en el imaginario y también en la misma Doolittle, la desintegración de los sistemas simbólicos tradicionales como resultado de la Gran Guerra, dejando una cultura en estado de quiebre, y que diera lugar a uno de los movimientos literarios más potentes de la historia.

 

Silvia Camerotto, Lomas de Zamora, 1959. Poeta, traductora y docente. Administra el blog de poesía y traducción de sibilas y pitias (http://desibilasypitias.blogspot.com). En poesía publicó: 420 minutos de abstinencia (2008), La grosse fuge (2012). En traducción participó en Argentarium, poemas breves de Ezra Pound por escritores argentinos (2008); Poetas que traducen poesía, compilación de Jorge Fondebrider (2015). Tradujo en colaboración con Inés Garland, El hombre cuya mano izquierda pensaba que era un pollo de Tiffany Atkinson, (2013) y La Rabdomante de Tiffany Atkinson (2015). Trabaja como docente para la Universidad de Buenos Aires y como tutora del British Council.

 

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